Capullo


Apareció por primera vez aquí.

Miró con embeleso la bolsita de dulces que le ofrecían. Tomó una gomita. Su boca se encogió con la premonición del gusto acidulado. La puso sobre su lengua, suavemente. Planeaba deshacerla poco a poco en su saliva. Sintió un escozor que le abrió la mandíbula y le encogió los ojos. La quemazón le reptó hacia la garganta. La persiguió desesperado con los dedos, pero ya había pasado la campanilla. Se esforzó por tragarla, con la esperanza de disolverla en el estómago. No funcionó. Luego de 28 días de agruras y retortijones, parió por el ombligo una mariposa sideral.

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